¿Sabéis esas veces en las que se me ocurre una idea genial? Esta vez es una de esas veces. Sí, de verdad.
La reflexión previa a esta revelación fue la siguiente:
Somos un grupo relativamente viajero, y es común que cuando alguien dice: ey me voy a X (siendo X el lugar del viaje, bueno, ya os lo habréis imaginado) otro diga: ¡qué bien! ¡ya me enseñarás las fotos! y luego al final nadie enseña nada.
Por ello, (y aquí viene la gran idea que sin duda no sospecharéis) he pensado que de vez en cuando podemos hacer una entrada con alguna foto de nuestros viajes que, a poder ser, ilustre alguna historia de esas que le dan un toque pintoresco y amable a la vida. Podríamos llamarlo algo así como “AERONÁUTICOS POR EL MUNDO”. De paso todo el que entre en nuestro blog verá que sí nos atrevemos a viajar en avión, sabiendo con que métodos se hacen (no como la gente que come salchichas o confía en las leyes, ¿no H?), y así imaginarán que estos son muy concienzudos y quizá confíen más en el medio más seguro de transporte (por favor shhhhhhh en los comentarios no pongáis que realmente no tenemos ni idea de cómo es que vuelan con tanta idealización).
Así pues, aquí va mi primer post:
Una aeronáutica y sus padres por el mundo (musiquilla sugerente).
Londres
Esta foto es del sitio donde comimos tras salir del British. Os preguntaréis, ¿qué hace Nerea comiendo judías? Pues yo también me lo pregunto ahora mismo, pero estáis viendo una Nerea de viaje por Londres, impregnándose de la cultura (espero no viajar nunca a un lugar donde sean típicos los guisantes). ¿Por qué es especial esta foto? Pues para empezar, porque las otras son casi todas del Big Ben o de cabinas rojas, y si ponía una de esas iba a quedar muy mal después de todo el rollo de historias pintorescas y amables que he contado. (la foto de abajo ya es para veáis que de verdad estuve en Londres y no es que me haya tomado una judías en Alicante y para decir: ¡viva el Starbucks!)
En este sitio tan majo nos encontramos con un español que llevaba como 10 años viviendo en Londres y trabajando como camarero. Debió intuir rápidamente que no me gustan los judías (aunque allí me gustaban, de verdad, si hasta los desayunaba! Ya sabéis, el poder de la mente). Nos propuso un trato: si nos acabábamos el plato entero tanto mi padre como yo (mi madre fue más sensata y se pidió algo que sí le gustaba), nos regalaba un postre. Bien, ¿qué pensáis? ¿qué pudo más? ¿mi amor por los postres? ¿mi pfff son muchas judías? ¿mi orgullo?
El maravilloso mundo Disney
Unos días después nevó en nuestro gran Madrid, pero la verdad es que la primera vez que me nevó encima fue en Disneyland. Eso sí que os lo habré contado millones de veces, pero es que ¡fue precioso! Mi cuerpo pasó mucho frío pero ¿qué puede haber mejor que el laberinto de Alicia nevado? Pues nada, claro. Ni siquiera un postre gratis.
La foto de arriba inmortaliza la valía y el tesón de mi mami y yo, así como nuestro profundo respeto por los personajes Disney. Sí, hacía mucho frío; el suelo estaba nevado y mojado y había un cola kilométrica para hacerse la foto con una pareja Disney y comprobar que realmente fueron felices para siempre. A pesar de las perdices, los personajes se iban turnado porque realmente hacía mucho frío. En la cola solo (¡ay que rabia me da no ponerle la tilde!) había niños de menos de 7 años y sus padres, que todo el mundo sabe que son los grupos de gente más fuertes del universo.
Y nosotras. Nosotras con tres pares de calcetines en los pies, gorros en la cabeza más monos que eficaces. Y con mi padre que era el que nos tenía que hacer la foto, también hay que decirlo. Cada vez era más difícil mantener la sonrisa, veíamos ir y venir a la Bella (¡jo!yo quería la Bella...), la Sirenita... Y ni siquiera cuando vimos que era la Bella Durmiente ( la más pánfila de todas las princesas del universo) la que nos iba a tocar nos rendimos.
La foto de abajo que explica que no me quedara en Disneyland de Reina: no conseguí sacar la espada.
Aquí dejo dos historias de superación, que me podrían haber valido para un Best-Seller de esos de sí tú quieres, puedes: 20 formas de creer en uno mismo, pero que he preferido compartir con vosotros.
Y besitos para mis papis, los otros protagonistas.