La planta de ensamblaje de Willow RunHola a todos?, como va todo?, y los exámenes?,mucha suerte a todos.
Yo aquí estudiando métodos, aunque para tomarme un respiro me he puesto a escribir esta entrada, sobre otro interesante proyecto de la historia aeronáutica.
El primer día de este mes hace setenta años, la Alemania Nazi invadió Polonia, comenzando la Segunda Guerra Mundial.
Mucho se ha escrito sobre los héroes que lucharon y murieron lo largo del conflicto en pro de la libertad. Pero se conoce menos de los logros que lograron todos aquellos que lucharon en casa, que soportaron los racionamientos, vivieron bajo la constante amenaza de los bombardeos y recibían las cartas indicando que algún ser querido no volvería a casa. Pero que aun así no se rindieron y continuaron con su labor en las granjas, ferrocarriles y fábricas produciendo los suministros requeridos en el frente. Esta entrada está dedicada a ellos.
La aviación en general y el bombardeo estratégico en particular tuvieron un lugar destacado en la guerra. Formaciones de bombarderos sobrevolaban ciudades del Eje destruyendo las industrias e infraestructuras vitales para el esfuerzo bélico.
El protagonista de esta historia en concreto era un bombardero americano, el
Consolidated B-24 “Liberador”. Técnicamente no era demasiado impresionante, los pilotos preferían al menos avanzado pero mucho más conocido
B-17 “Flying Fortress” de más manejable y resistente (aparte de más bonito). Pero este avión fue testigo de un logro industrial como no volverá a repetirse en la historia de la aviación.
Hacia 1940, la entrada de EEUU en la guerra era solo cuestión de tiempo y el país se esforzaba en rearmarse. Los B-24 se ensamblaban a razón de uno al día en la planta de Consolidated en San Diego, California. Pero no era suficiente.
Charles E. Sorensen, uno de los directivos de Ford Motor Company, estudiaría la planta en San Diego, y presentaría su propuesta a
Henry Ford, el hombre que puso ruedas al mundo, quién no dudo en aprobarla.
El plan de Sorensen era fabricar bombarderos… ¡En serie!
Ese mismo año comenzó la construcción de la mayor fábrica construida hasta entonces: la planta de Willow Run en las cercanías de Detroit, Michigan. Las dimensiones eran gigantescas: el edificio principal media 360m de ancho por 975m de largo, dando un superficie de unos 3.5 mill. de m^2, y formaba un ángulo de 90º para evitar cruzar la frontera del condado (y evitar pagar extra de impuestos). La fábrica estaba rodeada de un aeropuerto desde donde los aviones serían probados, puestos a punto y entregados.

A pesar de las exageradas historias que aparecían en los periódicos, las dificultades fueron considerables: El coste de la planta se elevo de 11 a unos 47 millones de US$, y sufrió innumerables retrasos. Estaba demasiado lejos de la ciudad como para que los obreros pudieran desplazarse de forma efectiva y debido a ello sufrió escasez de personal a lo largo de toda la guerra. No fue hasta 1942 que el primer B-24 fue completado y otra fábrica tuvo que adaptar los últimos cambios en el diseño, ya que era difícil incorporarlos en la línea de ensamblaje. Los periódicos empezaron a referirse a la fábrica como “Willit Run?” (se pronuncia como “Will it run?” que significa: “¿funcionara?”), y Ford tuvo que enfrentase a una investigación por parte del Senado.
Pero los obstáculos se superaron. La falta de personal se soluciono en parte construyendo residencias para los trabajadores. Se simplificó el diseño del avión, dividiéndolo en partes, cada una de las cuales se producía en serie. De esta forma los cambios se podían aplicar en una de las cadenas de montaje en lugar de detener toda la producción. En el interior del edificio principal los aviones iban avanzando a medida que se instalaban las piezas.
Este mecanismo permitía aumentar considerablemente la producción. En lugar de ser un equipo altamente cualificado el que montaba un avión de principio a fin, los trabajadores se especializaban en el ensamblaje de piezas concretas del avión realizaban su trabajo a medida que estas llegaban hasta ellos. Los aviones se ensamblaban en el edificio principal.
El resultado fue que la producción despegó, y a gran velocidad: En enero de 1943 se produjeron 31 aviones, 75 en febrero, 148 en abril y 180 en junio. Y hacia 1944 salían de las líneas de Willow Run unos 650 aviones todos los meses, lo que representa unos 21 aviones todos los días, ¡un avión cada hora y diez minutos! Además la extraordinaria uniformidad de la producción permitió que muchos de los aviones fuesen entregados directamente al ejército sin necesidad de cambios posteriores, nada común en aquellos tiempos.
Cuando termino la guerra Willow Run había producido 8685 de un total de 18482 “Liberators”. Como comparación con las potencias del eje: Alemania produciría a lo largo de la guerra 18449 bombarderos, Japón unos 15117 e Italia unos 2063. ¡Una sola fabrica, se acercaba a la producción de países enteros!
Con el final de la guerra la producción de bombarderos terminó. Las pistas de despegue y aterrizaje pasaron a ser el aeropuerto de Willow Run y un centro de investigación de la universidad de Michigan. La fábrica fue vendida a General Motors, pasando a producir automóviles hasta que sea cerrada este año.
Pero la memoria del asombroso logro que esto supuso y de la gente que puso todo su esfuerzo y voluntad en el proyecto aun persiste en los edificios y pistas de aterrizaje de la antigua planta.
Que os ha parecido?
Hasta Luego
Qwert
Información adicional:
Microsiervos se me adelantó con este estupendo link con fotos de la fábrica:
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http://public.fotki.com/Kos/members_photo_galle/wiilow_run_bomber/?cmd=fs_slideshowBreve video con imagenes de interior:
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http://www.youtube.com/watch?v=A_CUPA0k0fwHistoria de la fabrica:
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http://www.michiganhistorymagazine.com/extra/willow_run/willow_run.html-
http://apps.detnews.com/apps/history/index.php?id=73Historia de Charles Sorensen:
-http://www.strategosinc.com/willow_run.htm