Aunque puesto que la muerte es uno de los ecos que de vez en cuando resuenan en nuestra vida, yo no trataré de hacerlo resonar de nuevo, sino de provocar que vosotros mismos iluminéis ese óleo titulado "El placer de vivir" que a veces se cubre de polvo en un oscuro rincón de nuestra mente.
Junto al castillo de Niza, en la costa sureste de Francia, yace un cementerio que desde 1800 guarda los cuerpos y almas de católicos, protestantes y judíos. Junto a mi padre, quise visitar especialmente este último, no me preguntéis por qué. De entre los cientos de tumbas de familias anteriores y posteriores a las grandes guerras, la siguiente es la única que os quiero mostrar.
"Para Sylvio.
La justicia habría querido, oh nuestro hijo,
que fueses tú el que nos condujese
un día a nuestra última morada.
¿Por qué nos ocurre entonces de encontrarnos
de pie frente a la tuya?
Miserable destino.
¿Qué se ha hecho entonces de ti, oh Sylvio,
tan joven, tan bello, tan espléndido y sublime?
De la sombra en esta sombra un rayo frío
es todo lo que nos queda y para siempre. Siempre.
Un tren, un coche, un avión, y un pequeño pino,
nos los pediste la víspera de tu muerte.
Aquí están, inmóviles y fríos,
pero tan inseparables
de tu tumba como lo es de nosotros
el último aliento que tomamos de ti,
en los pliegues más profundos
del alma nuestra,
Sylvio!
Tus padres."
Unos padres inconsolables. Ningún padre debería ver nunca morir a un hijo. Es una de esas pocas cosas que jamás desearías a nadie.La justicia habría querido, oh nuestro hijo,
que fueses tú el que nos condujese
un día a nuestra última morada.
¿Por qué nos ocurre entonces de encontrarnos
de pie frente a la tuya?
Miserable destino.
¿Qué se ha hecho entonces de ti, oh Sylvio,
tan joven, tan bello, tan espléndido y sublime?
De la sombra en esta sombra un rayo frío
es todo lo que nos queda y para siempre. Siempre.
Un tren, un coche, un avión, y un pequeño pino,
nos los pediste la víspera de tu muerte.
Aquí están, inmóviles y fríos,
pero tan inseparables
de tu tumba como lo es de nosotros
el último aliento que tomamos de ti,
en los pliegues más profundos
del alma nuestra,
Sylvio!
Tus padres."
Me acordé entonces de un corto grabado hace unos cuantos años, en el que junto con la canción y la voz de Thom Yorke, cantante de Radiohead, se mostraba el camino de un hombre errante en mitad de un túnel circulado por coches, cómo es abatido una y otra vez por los vehículos, y cómo se levanta una vez detrás de otra y sigue caminando. Las imágenes de la única especie que conocemos que, en un mundo en el que a veces le rodea la constante lucha, puede terminar despegándose del entorno hasta existir, finalmente conforme, en una realidad creada sólo por su mente.
Hoy he podido recordar ese vídeo gracias a otra fuente, y aquí os lo traigo. Como bien dice uno de los usuarios en youtube, "según avanza el video, el hombre se vuelve más y más capaz de resistir todo lo que conoció en toda su vida, y es capaz de levantarse cada vez más rápido conforme pierde la fe en la verdad de este mundo. Finalmente, consigue abandonar nuestra realidad".
De nuevo, decir que nada más lejos de mis intenciones como querer entristeceros. Probablemente es lo que ocurra, ¡pero sea pues una razón para sonreír a todo y todos cuantos tenemos cerca!