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viernes, 12 de octubre de 2012

Batalla en el fondo del mar.

Los cables trasatlánticos de 1865 y 1866

El cable telegráfico de 1866





“Lo que ayer eran milagros se han vuelto hoy en realidad, desde ese instante, toda la tierra tiene un único latido, ahora la humanidad vive simultáneamente en todos los rincones de la tierra, omnipresente por su propia creación.”

Stefan Zweig – La primera palabra a través del océano – Momentos estelares de la Humanidad


Este post es la continuación de la entrada titulada el cable telegráfico del atlántico. Por ello recomiendo la lectura anterior de esa entrada.

Al escuchar la propuesta de un cable telegráfico entre Terranova y EEUU por parte de un ingeniero en busca de capital, Cyrus West Field, un prospero hombre de negocios, tuvo la visión de emplear este proyecto como la primera pieza de un cable entre Terranova e Irlanda que conectara telegráficamente Europa y América por primera vez en la historia. Inmediatamente comenzó a remover cielo y tierra, buscando el capital necesario, y reclutando a científicos e ingenieros de la talla de Charles Tilston Bright o el Dr. William Thomson.
Tras muchos años de trabajo, muchos cientos de miles de libras de capital invertido y múltiples intentos fallidos, el primer cable telegráfico transatlántico abrió sus puertas al público en Agosto de 1858.
Sin embargo el 1 de Septiembre el cable dejó de funcionar de forma irremediable. El entusiasmo que se había acumulado desapareció con la misma rapidez y se convirtió en rabia. Se acusó a Field de estafador. Ya que era evidente que un cable transatlántico era técnicamente y económicamente imposible.


Una comisión de investigación

Pero en apenas dos semanas de funcionamiento el cable había demostrado su valía: Un solo mensaje le ahorró a la corona británica más de 50000 Libras (una séptima parte del coste del cable), al evitar que un regimiento asentado en Canadá embarcara rumbo a la India para sofocar una revuelta que ya había concluido. Demostrando su valor económico. Si un cable podría funcionar, definitivamente merecía la pena.
Pero el Atlántico se había tragado 3300Km de cable, 350000 Libras de capital invertido y muchos años de esfuerzo y trabajo. Un año después el gobierno británico perdió más de 800000 Libras en el intento fallido de tender un cable a la India a través del Mar Rojo.
Y no solo eso,  hasta entonces, casi 19000Km de cable submarino habían sido tendidos en diferentes proyectos en todo el mundo y menos de 5000Km seguían funcionando en 1861.

Había pues que determinar si los cables submarinos eran tecnológicamente posibles y los principios físicos que estaban detrás de ellos; había que transformar el arte en una ciencia. Y para ello el ministerio de comunicaciones de Su Majestad convocó una comisión de investigación formada por ocho miembros, cuatro nombrados por la cámara de comercio y cuatro por la Compañía Telegráfica Atlántica.
Desde diciembre de 1859 hasta septiembre 1860, la comisión desarrolló una titánica tarea, teniendo en cuenta que el estudio de la electricidad aún se encontraba en su infancia. Los términos voltio, ohmio, amperio aun no habían nacido y las mediciones dependían del criterio del investigador. Uno de los testigos llegaría a declarar que muchas discusiones absurdas se evitarían si el conocimiento de las leyes de Ohm estuviera más extendido.

Entre los testigos más respetados estarían el Dr. Thomson, ya que él fue el principal responsable en el descubrimiento de muchos de los principios físicos que afectan a  la construcción y funcionamiento de cables submarinos. Principalmente se le consultó acerca de las leyes y principios del funcionamiento de cables telegráficos y sobre su opinión acerca del desarrollo de la empresa. Acerca del funcionamiento del relé automático del Dr. Whitehouse declararía: “Encuentro dos o tres palabras y unas cuantas letras más que son legibles, pero la palabra más larga que encuentro dada con corrección es la palabra “es” (“is” en inglés). Sería interesante ver como el relé del Dr. Whitehouse se enfrenta a “Dampfshifffahrtgesselschaft” (Compañía de barcos de vapor en alemán, ante esta afirmación un representante de la compañía protestaría ante el agravio comparativo que supone que este término se cobre como una única palabra). En honor al Dr. Thomson hay que decir que defendió al Dr. Whitehouse como uno de los más leales y devotos servidores de la compañía (a pesar de que dentro de la compañía se cuestionaban sus extremadamente caros experimentos que parecían no proporcionar ningún beneficio comparados con los importantes resultados que el Dr. Thomson obtuvo con presupuestos mucho menores).

La comparecencia del Dr. Whitehouse consistió principalmente en una serie de declaraciones exculpatorias sin excesivo interés. Aunque tenía razón al afirmar que las prisas impidieron realizar ensayos que habrían evitado el desastre.

Otra comparecencia de interés fue la del coronel del ejercito americano Tal P. Shaffner que había supervisado la construcción de buena parte de la red de telégrafos de EEUU. Presentó, entre otros documentos, un registro de todas las comunicaciones transmitidas por el cable atlántico. Destaca en particular la transcripción de todos los mensajes transmitidos desde Terranova a Irlanda el día 21 de Agosto de 1858:
-“Repita por favor.”
-“Por favor transmitan más despacio.” “¿Como?”
-“¿Como reciben?”
-“Transmitan más despacio.”
-“¿Cómo reciben?”
-“Por favor, digan si pueden leer esto.” “¿Pueden leer esto?”
-“Si”
-“¿Cómo son las señales?”
-“¿Reciben?”
-“Por favor transmitan algo.” “Por favor transmitan “uves” y “bes”
-“¿Como son las señales?”

Estos son los mensajes transmitidos desde Terranova a Irlanda durante todo un día.
El coronel proponía usar una ruta alternativa que partiendo desde Escocia llegaba hasta Labrador pasando por las islas Feroe, Islandia y Groenlandia estableciendo puestos de repetición en todas las islas. De esta forma, en el trayecto, no habría ningún tramo continuo sumergido de más de 950Km, evitando los problemas por excesiva longitud que él consideraba insalvables. La presencia de Icebergs en la ruta hizo que la idea fuera considerada demasiado peligrosa por la comisión.

Cuando en 1861 la comisión presento su informe, el resultado fue esclarecedor. La empresa se había sustentado más en suposiciones que sobre bases científicas sólidas. Se asumió que muchas cosas funcionarían sin previamente demostrar que así sería. El cable era defectuoso y su aislamiento insuficiente y las bobinas del Dr. Whitehouse empeoraron el problema, aplicando mayor voltaje del que el aislamiento podía soportar hasta que se cortocircuitó con el mar, inutilizando el cable. Pero el informe afirmaba:

“.... Y estamos convencidos de que si se hubieran tenido en cuenta los principios que hemos enunciado para diseñar, fabricar, tender y mantener los cables submarinos, este tipo de empresa habría resultado un éxito en vez de un desastre.”

Esta vez pues la ciencia estaba clara, el proyecto era posible. Solo hacía falta alguien que estuviera dispuesto a arriesgarse y se atreviera a invertir en la empresa después de tan rotundo fracaso.

Y ese alguien no era otro que Cyrus West Field.
El informe de la comisión supuso para Field recuperarse anímicamente del estrepitoso fracaso del primer cable transatlántico,  nuevamente comenzó su cruzada para encontrar el capital desplazándose entre Europa y América a un ritmo vertiginoso (desde que comenzó la empresa hasta 1864, Field cruzó no menos de 31 veces el atlántico). Los hombres de negocios de Estados Unidos no dudaron en considerar el proyecto como algo que merecía todo el apoyo que pudieran prestar, pero dado que en aquellos años el futuro de la Unión estaba en cuestión, estas declaraciones no se tradujeron en dinero. En esta ocasión el capital (casi 600´000 Libras) sería británico en su práctica totalidad. La mayor parte (unas 315´000 Libras) provendría del nuevo conglomerado de fabricación de cables, Telegraph Construction and Maintenance Company formado por la fusión entre Gutta-Percha Company (que fabricó el aislamiento del cable anterior) y Glass, Elliott & Co. (que había producido la producción acorazada).

En esta ocasión no se escatimaron recursos en producir el mejor cable posible, se examinaron y probaron docenas de muestras. El cable final elegido tenía un núcleo conductor formado por siete hilos de cobre, cada uno de ellos cubierto por hilo vegetal y bañado en alquitrán con el fin de proteger contra la corrosión. El núcleo se cubría de cuatro capas de gutta-percha, y era reforzado por diez hilos de hierro, finalmente el cable se recubría e Yute. El resultado fue un cable de 2,5 cm de diámetro y con un peso de casi 1800Kg por milla y mucho más resistente que el anterior, hasta 16Km de cable podían colgar verticalmente en el agua antes de que este se rompiera por su propio peso (una gran ventaja, ya que en el atlántico no se supera nunca los 4Km de profundidad).
El cable de 1865

Pero los 4183Km de cable completados en 1865 conllevaban un gran problema. En total pesaban unas 7000 toneladas, más del doble del cable anterior que hubo de ser transportado en dos barcos. Por suerte para la empresa, aun que también por desgracia para la historia naval, el barco adecuado estaba disponible y a precio de saldo.

El Great Eastern
Isambard Kingdom Brunel 

 Isambard Kingdom Brunel (1806 – 1859) es una de las más grandes figuras de la ingeniería victoriana, hijo del ingeniero civil francés Marc Isambard Brunel, comenzó su carrera ingenieril asesorando a su padre durante la accidentada construcción del túnel bajo el río Támesis. Sin embargo tras un severo accidente en que el joven Brunel resultó herido, la construcción del túnel fue detenida. Tras su recuperación, comenzó a trabajar en el tendido de ferrocarriles, en particular el Great Western Railway, y destacó en la adopción de nuevas técnicas en la construcción de puentes. Muchos de ellos, aun siendo hoy en día considerados monumentos, continúan siendo usados.
En 1835, la planificación de una línea entre Londres y Bristol, preocupó a muchos de los directivos de la compañía por su longitud record y así se lo plantearon al ingeniero. El ingeniero respondió con una pregunta: ¿por qué no hacerla más larga, incluyendo un barco de vapor entre Bristol y Nueva York?
La sabiduría popular consideraba que era imposible que un barco de vapor pudiera cargar con suficiente carbón para cruzar el atlántico. Pero en 1838, el primero de los barcos diseñados por Brunel, el SS Great Western, alcanzaría el puerto de Nueva York en tiempo record. Un segundo transatlántico el revolucionario SS Great Britain, construido completamente en acero y propulsado únicamente por hélices, le siguió en 1843.
Para Brunel esto no suponía sorpresa alguna, pues, más que nadie, era consciente de que mientras la capacidad de carga, incluyendo carbón, crecía con el volumen del barco, la resistencia con el agua se incrementaba mucho más lentamente con la superficie del casco. Llevando la física a su conclusión lógica, comenzó a estudiar los problemas derivados de un barco lo bastante grande para alcanzar Australia y volver a Gran Bretaña sin repostar.

El Great Eastern
El resultado final sería el SS Great Eastern, un barco más grande y pesado que cualquier otro construido en su época, más de 210m de largo y 32´000 t de peso. Para su propulsión empleaba cinco motores de vapor, cada uno con su correspondiente chimenea, cuatro actuaban sobre dos enormes ruedas de paletas y el quinto sobre una hélice. Las ruedas de paletas, lo convertían en un buque excepcionalmente maniobrable, girando cada rueda en un sentido el buque podía girar alrededor de sí mismo girando. Un complejo velamen complementaba la propulsión a vapor cuando las condiciones eran favorables. Hasta la botadura del Mauritania en 1906, no se volvería a construir ningún barco de semejantes dimensiones.
Su construcción fue dirigida por uno de los mayores ingenieros navales de la época: John Scott Russell.
Pero aquí comenzaron los problemas. La rivalidad entre ambos ingenieros creció hasta el punto de que no podrían estar en la misma sala sin no lo exigía el protocolo. El coste de su construcción, inicialmente estimados en 377´200 libras ascendió a más de 750´000 libras (irónicamente, Brunel, sin conocimientos en la construcción naval había estimado los costes en más de 500´000 libras, sería Russel quién diera la estimación oficial que terminó siendo excesivamente optimista), y tanto Brunel, Russel como los compradores del barco se vieron en bancarrota.

Durante la botadura, el lanzamiento de semejante titán hubo de ser pospuesto varias veces tras repetidos fallos de los mecanismos diseñados por Brunel para tal fin, lográndose esta finalmente en enero de 1858. Un año después el agotamiento acaba con la vida de Brunel.
Pero debido a la mala gestión de sus propietarios y a la mala prensa que dieron los problemas en la botadura y una serie de accidentes, el Great Eastern jamás daría la rentabilidad esperada, capaz de llevar a 4000 pasajeros, no llego a llevar a un total de 2700 en los tres viajes realizados hasta 1863.
Tras perder más de un millón de libras arruinando a toda una sucesión de propietarios, el 14 de Enero de 1864, el SS Great Eastern sería puesto a subasta sin reservas. Y ahí estaba cuando se buscaba un buque para tender el cable. Un grupo de empresarios encabezado por Daniel Gooch, presidente de ­­la Great Western Railway, formó la Great Eastern Steamship Company y adquirió el buque por el módico precio de 25´000 libras esterlinas. Tal confianza tenía Gooch en que el Great Easter era adecuado para la tarea, que ya había pactado con Field las condiciones en las que se alquilaría el barco: Si el tendido no era un éxito, los servicios prestados no se cobrarían.

Para poder cargar con 7000t de cable y el mecanismo expedidor, el buque hubo de ser reformado, eliminándose una de las calderas y su chimenea. Había que cargar además con 8000t de carbón, y acomodar a una tripulación de 500 hombres y su sustento (que en aquellos tiempos anteriores a la refrigeración incluía una granja con una vaca, doce bueyes, veinte cerdos, 120 ovejas, y un corral de gallinas).

La cuarta expedición

El 23 de Julio de 1865, se realizó en la bahía de Foilhomerum (a 8Km de Valentia) la conexión entre el cable en tierra y el cable embarcado a bordo del SS Great Eastern, que fondeaba a 50Km de la costa, inmediatamente partió en su viaje transatlántico escoltado por el HMS Terrible y HMS Sphinx.
En la expedición participarían entre otros Cyrus W. Field y el Dr. Thomson como representantes de la Atlantic Telegraph Company (ATC), así como Samuel Canning el ingeniero jefe de la Telegraph Construction and Mainteinance Company (TCM CO.) y el técnico en electricidad de la compañía C.W. de Sauty.
La jerarquía en la operación debía de ser curiosa, pues la TCM CO. era el accionista principal de la Atlantic Telegraph CO. y por tanto Field y Thomson tenían poco poder de decisión acerca del tendido del cable, donde la autoridad pertenecía a Canning, pero, como clientes, sí podían rechazar el producto si no quedaban satisfechos. Aunque los consejos del Dr. Thomson, siempre se tenían en cuenta.
El comandante del barco sería el capitán James Anderson y el famoso corresponsal de guerra del Times, W. H. Russell sería el periodista que nos dejaría el relato de la expedición.

No hubo ausencia de dificultades, como escribiría Russel: “Feliz es la colocación de cables que no tiene historia.” A 130Km de la costa se detectó un fallo eléctrico. Había que recuperar nuevamente el cable hasta encontrar el defecto para repararlo, lo cual no era una tarea sencilla, pues el mecanismo expendedor del cable, no permitía maniobrar marcha atrás debido al riesgo de que este se enredara en la hélice. Fue necesario cortar el cable, trasladarlo desde el mecanismo expedidor en la popa hasta la maquinaria de proa e izarlo. 

Lo que se encontró fue preocupante: un trozo de alambre de hierro estaba clavado en el cable, cortocircuitando el núcleo y el mar. Reparado el defecto, volvió a reiniciarse el tendido, que, salvo por algún error de los instrumentos de medición que provocarían algún susto, transcurrió sin problemas hasta el cuarto día de la expedición.
Aquel 26 de Julio, se formó una tormenta, que si bien no afectó al Great Eastern, obligaría a este a separarse de sus escoltas, incapaces de seguir el ritmo. Cuando todo concluyó, el HMS Sphinx, el único de los tres buques que llevaba un equipo de sondeo, quedó atrás.
Aun así el tendido continuó sin problemas hasta que el séptimo día, con 1200Km tendidos se volvió a detectar un fallo que obligó nuevamente a izar el cable. Las alarmas saltaron cuando se descubrió que el cable estaba dañado de la misma forma, aquello aparentemente solo podía ser obra de un saboteador. Así que se tomaron medidas para vigilar el cable y a los trabajadores que lo tendían.

El cable se rompe y cae al mar.

No se volvieron a registrar más problemas hasta que el 2 de Agosto. Tras haberse tendido perfectamente más de 200Km de cable, uno de los trabajadores en cubierta se percató de que nuevamente un trozo de alambre se había clavado en el cable, pero las maquinas se pararon demasiado tarde para evitar que callera al mar. Aunque en esta ocasión el daño no era completo y según las mediciones del Dr. Thomson el cable sería utilizable, el ingeniero jefe Canning decidió recuperar el cable para repararlo, compresible si tenemos en cuenta que ya se había adquirido amplia experiencia en esta tarea y que con el cable parcialmente dañado, la ATC podría, de acuerdo con el contrato rechazar el trabajo. Así que por tercera vez el cable fue cortado para ser izado de nuevo.
Fue durante esta tarea de reparación que otro de los trabajadores descubrió que los cables de refuerzo en la zona averiada estaban rotos, esto aclaró los extraños incidentes: No se trataba de un sabotaje, el hierro del cable era quebradizo y se estaba rompiendo al tener que soportar su propio peso.
Si embargo la recuperación no salió bien, la maquinaria se averió y el mal tiempo hizo que el barco golpeara contra el cable repetidas veces, finalmente este cedió y calló al mar. Por si fuera poco, por descuido, en esta ocasión no se había comunicado a Irlanda que el cable iba a ser cortado, de forma que en tierra no tenían forma de saber por qué se perdió repentinamente la comunicación.

Aun así, la expedición no se dio aun por perdida. En otros proyectos Canning había recuperado cables a 1900m de profundidad, pero en esta ocasión el cable se encontraba a más de 4000m de profundidad, y el valor exacto de esta era desconocido, pues el equipo de sondeo se encontraba a bordo del HMS Sphinx. Aun así, Canning decidió intentar la recuperación del cable. Ante la falta de equipamiento adecuado, hubo que improvisar, se recurrió a un arpeo de cinco puntas y, mediante eslabones, se unieron entre sí varias docenas de diferentes trozos de alambre, posteriormente se apagaron los motores y el Great Eastern se convirtió en el mayor barco de la historia impulsado únicamente por sus velas.
Durante toda la noche el barco avanzó con lentitud, hasta que a la mañana del 3 de Agosto el arpeo se enganchó y se comenzó a izar el cable. Pero el alambre era inadecuado y rompió en uno de los eslabones cuando se había izado poco más de un kilómetro. La llegada de la niebla impidió determinar la posición del barco, retrasando al día siguiente el segundo intento.
En cuanto la niebla se dispersó la tripulación instaló una boya, fijada al fondo por 5Km de cable, para marcar la posición (a unos 74Km de donde el cable se había roto) y establecer un punto fijo que sirviera de referencia.  Pero el viento impidió que se reanudara la búsqueda del cable hasta el 7 de Agosto, nuevamente el cable fue fácilmente localizado y enganchado, pero el alambre volvió a ceder a mitad de camino.
La mar picada y el mal tiempo, impidieron que se pudiera repetir el intento hasta el 10 de Agosto. Como ya no quedaba suficiente alambre, fue necesario atar 1300m adicionales de cuerda, en esta ocasión el arpeo enganchó con algo, pero resulto ser que el alambre se había enredado con el ancla.
Al día siguiente, el 11 de Agosto de 1865, se procedió con el cuarto intento, nuevamente se logró encontrar y enganchar el cable y se procedió a su izado durante lo que, probablemente fueron las horas más tensas de la expedición. Finalmente y como relató Russell:
“Iba hacia la proa cuando el silbato sonó y oí gritos de “¡Detenedlo!” en la popa, y “¡Cuidado!” y exclamaciones agitada. Entonces, hubo silencio. Supe de inmediato que todo había acabado. Las máquinas permanecían silenciosas, y por un instante todos los hombres permanecieron inmóviles, como convertidos en piedra. Nuestro último perno había saltado, y casi cuatro kilómetros más de cables de hierro y de alambre se añadieron a la maraña del gran laberinto creado por el Great Eastern en el fondo del océano.”

La cuarta expedición había fracasado. Tras la despedida, la flota se dispersó y el Great Eastern puso nuevamente rumbo a Gran Bretaña. Donde se esperaban ansiosamente noticias de la flota.

La quinta expedición

Por un descuido, justo antes de que se perdiera el cable, no se había informado a tierra de que este iba a ser cortado para su reparación. Cuando las señales cesaron repentinamente, primero durante horas y luego durante días mientras el Great Eastern libraba su desesperada batalla para recuperar el cable, muchos llegaron a temer por la seguridad de la expedición. Mientras los rumores circulaban, en la ATC se convocó una asamblea general extraordinaria en la que se anunció no solo la completa confianza en que el cable estaba siendo tendido, sino que en breve se iba a solicitar capital para un segundo cable.
Cuando el Great Eastern apareció finalmente, hubo que admitir un nuevo fracaso, pero en esta ocasión se había demostrado más allá de toda duda que el cable era científica y técnicamente posible.  Además se había demostrado que con material adecuado era posible encontrar e izar un cable perdido a más de 4000m de profundidad.
Fabricación del nuevo cable de 1866
Nuevamente hubo que encontrar 600´000 libras adicionales de capital. Sin embargo como la ATC había sido formada por una decisión del parlamento, el fiscal general decidió que (en esta ocasión) la compañía no podía ampliar capital sin permiso del parlamento. Así que la empresa fue disuelta, el capital restante devuelto a los accionistas y en su lugar se formo la Anglo-American Telegraph Company (AATC).Tal era la confianza del público en el éxito del proyecto, que en dos semanas se logró reunir 370´000 libras, siendo el resto aportado por la TCM CO.
El capital se empleó en la construcción de 3600 Km de un nuevo cable, mejorado respecto al anterior, era más fuerte, más liviano y sobre todo, la protección quebradiza que tantos problemas había causado fue sustituida por una de hierro galvanizado.
Se mejoró el Great Eastern, la maquinaria de tendido del cable se rediseño para permitir que el cable pudiera ser recogido por la popa. Se diseñó un mecanismo para la medición de la corriente continua, de forma que los defectos en el cable se detectaran de forma inmediata sin necesidad de esperar a que se recibieran las señales que se emitían de forma periódica. Se fabricaron 35Km de alambre capaz de soportar una tensión de treinta toneladas para usarlo en tareas de recuperación de cable. El propio barco recibió una limpieza de su quilla (se retiró una capa de 5cm de lapas y conchas) y los motores fueron modificados de forma que ahora cada paleta podía girar independientemente de las demás (durante mucho tiempo ningún otro barco de semejantes dimensiones será capaz de girar sobre sí mismo).
Aunque la Royal Navy solo pudo poner el HMS Terrible a disposición de la flota, la compañía había fletado dos barcos adicionales, el Albany y el Medway, este último cargaría con 950 Km del cable del año anterior y alambre para el izado de cables.

Una vez que se realizó el empalme entre el cable de tierra y Great Eastern, la flota partió de la bahía de Valentía el viernes 13 de Julio de 1866. Por una vez, la travesía fue tranquila, el único incidente fue cuando el cable se enganchó en una bobina y se formó una maraña que llevó su tiempo antes de ser desatada. Aunque el cable permitía que en Europa se pudiera seguir el progreso de la expedición minuto a minuto, no era así en América. Sin embargo, como señala Henry Field, en Terranova, algunos espectadores se acercaban a esperar a los barcos, pero

“no tantos como el año pasado, pues el recuerdo de la decepción era demasiado fresco, y temían de nuevo el mismo resultado.
Pero con todo había unos pocos fieles que montaban guardia cada día. Es la mañana del viernes 27 de Julio. Se levantan temprano y miran hacia el este para ver nacer el día, cuando se ve un barco en lontananza. Los catalejos se vuelven hacia él. Se acerca, y luego hay otro, y otro. Y ahora la quilla del Great Eastern aparece toda gloriosa en el cielo de la mañana. ¡Ahí vienen! Al instante todo es excitación. El Albany es el primero en entrar en la bahía. El Terrible le sigue de cerca. El Medway se detiene una hora o dos para preparar el pesado cable de la costa, mientras el Great Eastern, deslizándose con suavidad como si no hubiera hecho nada notable, suelta el ancla delante de la caseta de telégrafos, después de arrastrar tras de sí una cadena de 3200Km, para unir el viejo mundo con el nuevo.”
Llegada a la cala de Heart´s Content

El lugar de desembarco, que fue elegido por sus aguas tranquilas y profundas, era la cala de Heart´s Content (alegría en el corazón), no podía tener nombre más apropiado.
El único inconveniente, fue que la noticia no pudo llegar por telégrafo a EEUU, pues el cable del golfo de St. Lawrence se había averiado y los accionistas no querían arriesgar más capital en su reparación hasta que el cable atlántico hubiese sido completado con éxito. Así que Field telegrafió para pedir dos buques de vapor, uno para las tareas de reparación del cable y otro para llevar los mensajes a través del golfo hasta que las reparaciones fueran completadas. Mientras tanto, los mensajes que cruzaban instantáneamente el atlántico tardaban 24 horas en llegar a Nueva York, así que la noticia de la finalización del tendido del cable no llegó hasta el domingo 29, aun así el primer día de operaciones del cable aportó unos ingresos de 1000 Libras esterlinas.

Pero a pesar del éxito, no hubo tiempo para celebraciones, pues aun quedaba una importante tarea por hacer: encontrar y recuperar el cable perdido en el intento del año anterior.

La sexta expedición: La recuperación del cable de 1865

Así que inmediatamente todo el mundo se puso manos a la obra. Cinco días después de llegar, el miércoles 1 de Agosto, el Terrible y el Albany partieron en búsqueda del cable. El  Great Eastern todavía tenía que ser reaprovisionado, previamente seis barcos cargados con carbón habían sido enviados desde Gran Bretaña, uno de ellos naufragó por el camino, pero los cinco restantes esperaban a la flota telegráfica cuando esta llegó a Terranova. Asimismo, los 950 Km de cable que cargaba el Medway fueron transferidos al Great Eastern. Finalmente el jueves 9 de Agosto el Great Eastern y el Medway partieron al encuentro de la vanguardia.

El Albany disponía del equipo necesario para la localizar el cable, izarlo y boyas para marcar su posición. El capitán Moriarty, había estado presente en el Great Eastern cuando el cable rompió el año pasado, y con tal precisión determinó la posición del suceso (fue una suerte, que el cable se rompiera en un día despejado, justo después de que se hubiera tomado la posición), que pudo situar el Albany a menos de media milla (926m) de donde ocurrió (con lo cual Moriarty ganó una apuesta personal con el capitán Anderson). Su ambición era recuperar el cable antes de la llegada del Great Eastern y casi lo logró pues el Albany encontró el cable y la tripulación logró izarlo lo suficiente para fijarlo a una boya. Sin embargo el mal tiempo daño la boya y el cable se volvió a hundir llevándose consigo más de 3 km de soga. Aun así la prueba de que habían encontrado el cable y que era posible izarlo resultó positivo para la moral.

La llegada del Great Eastern  y del Medway el domingo, permitió cambiar la estrategia. Primero, se aprovechó el buen tiempo para marcar con boyas, no solo el punto donde el cable se había perdido, sino también un largo tramo de su recorrido, según los registros de las observaciones realizadas durante el año pasado. Estas boyas, equipadas con banderas numeradas y en algunos casos señales luminosas, ofrecían a la flota una referencia acerca de la posición del cable.
Luego la flota se alejó cierta distancia del cable en dirección contraria al viento, dio la vuelta y se apagaron los motores. Entonces se hicieron descender los arpones, llevó unas dos horas hasta que en el dinamómetro se apreció la caída de tensión que indica que el arpeo ha tocado fondo, y se desplegaron las velas dejando que el viento impulsara a cada barco hacia un punto diferente del cable.

La atención se centra ahora en el dinamómetro, la elevada tensión de la soga indicaba que el arpeo estaba siendo arrastrado por el fondo marino y una repentina subida de tensión indicaría que el arpeo ha sido retenido por algo. La mayor parte de las veces, la tensión bajaba con la misma rapidez con la que subía, probablemente se trataba de una formación rocosa o los restos de un naufragio, o que el cable no había logrado engancharse, pero cuando la tensión se mantenía y aumentaba conforme el barco avanzaba, entonces la actividad a bordo aumentaba repentinamente, pues muy posiblemente el preciado cable había sido capturado.

Esto ocurrió por primera vez a la madrugada del viernes 17 de Agosto, el cable fue capturado y tras largas horas fue izado a la superficie donde llegó hacia las 10 de la mañana y estuvo a la vista de todo el mundo, provocando aplausos y gritos de alegría. Sin embargo la tensión resultó demasiada para el cable dañado y antes de cinco minutos, demasiado poco tiempo para asegurar el cable adecuadamente, este rompió y volvió al mar de donde había venido.
El cable volvió a ser encontrado el día 19 y comenzó a ser izado, pero el mal tiempo obligó a parar la operación, el cable fue fijado a una boya, pero no soportó el oleaje y se volvió a perder.

Durante las dos semanas siguientes, parecía que la suerte había abandonado el proyecto, la climatología se mostró con frecuencia adversa y cuando no lo hacía, el viento era insuficiente para que impulsar las velas. En los pocos días en que se pudo trabajar, el cable no fue encontrado, o era enganchado, para ser perdido mientras se izaba.
Uno de esos días, los cañones del Albany sonaron, indicando que habían tenido éxito al izar el cable y asegurarlo a una boya, pero cuando el Great Eastern llegó y comenzó a subir el cable a bordo, descubrieron que se trataba únicamente de un fragmento de 3700m. Aun así, la tripulación del Albany decidió quedarse con el trozo a modo de trofeo.
El tiempo se empezaba a acabar. El día 29, el capitán Commerell del HMS Terrible, se trasladó al Great Eastern e informó de su situación: La tripulación estaba a base de media ración y el carbón estaba acabándose, no le quedaba más remedio que retirarse. Lamentó su destino, “como un valiente oficial al que se le ordena retirarse en medio de la batalla” pero prometió volver tan pronto como se hubiese reabastecido. Aun así, el resto de la flota también comenzaba a notar la escasez y era cuestión de tiempo que el esfuerzo tuviera que ser abandonado.
Así que en la misma reunión se decidió que el resto de la flota probaría su suerte en otro punto del cable, a 160Km hacia el este, una zona donde la profundidad es menor, además se cambiaría la forma en la que el cable es izado en un intento por evitar que vuelva a romperse.

Así pues la flota recogió las boyas y se desplazó hasta el nuevo punto donde procedió a marcar la posición del cable de la misma forma. Era el viernes 31 de agosto cuando nuevamente comenzó la búsqueda del cable. Y en esta ocasión la suerte favorece a la flota, apenas diez minutos después de que comenzar a arrastrar el arpeo por el fondo marino, el dinamómetro del Great Eastern marca una subida drástica de tensión, indicando que el cable había sido encontrado.
Pero esta vez el cable no se izó del todo, cuando este se hallaba a una profundidad de 1800m el cable se fijó por boyas y el Great Eastern se  desplazó 3Km o 4Km hacia el este, donde se izó el cable hasta la misma altura y nuevamente se fijó. Mientras tanto, tras recibir una señal preacordada el Medway se situó a 3Km hacia el oeste del punto de izado original, atrapó el cable y lo izó con la máxima fuerza posible hasta que rompió, de esta forma se logra reducir la tensión que el cable se ve obligado a soportar y se libera un extremo del que se puede tirar. Hecho esto, el Great Eastern se desplazó al nuevo extremo del cable y comenzó a izarlo, esta vez, con el cable asegurado en dos puntos, de forma que soportara una menor tensión. Aun así, el izado se realizó lentamente y con la máxima precaución, tardando el cable más de 24 horas en llegar a la superficie.
Una vez que el cable se acercó a la superficie, dos buceadores se sumergieron con cuerdas y herramientas para subir el extremo del cable a bordo, un incidente no previsto fue que el cable se había fijado de tal forma al arpeo, que fue necesario emplear un martillo para separarlo.
Recuperación del cable de 1865

Finalmente, el cable fue llevado a bordo y una vez asegurado el extremo se llevó a la sala de electricistas, para ser comprobado. El cable había estado más de un año en el fondo marino y no había ninguna garantía de que funcionara. El señor Willoughby Smith, sería el encargado de realizar las comprobaciones. Un numeroso grupo se adentró en la pequeña sala, ansiosos por conocer los resultados, entre ellos el Dr. Thomson, Cyrus W. Field (“cuya ausencia no iba a ser mayor que la del cable”), Canning, que interrumpió brevemente su trabajo en la proa para acercarse a la sala, y demás miembros de la expedición, el artista de la expedición, el señor Robert Dudley, describe la escena:
“…todos tienen un marcado interés en todos los movimientos que realizan Willoughby Smith y su hermano (y capaz asistente) Oliver; y cuando el núcleo del cable es despejado y su corazón mismo -el hilo conductor- es fijado en el instrumento, y los dos electricistas se inclinan sobre el galvanómetro, en paciente espera de un mensaje de aquella lejana costa a la cual se acaba de emitir la gran noticia, entonces el acostumbrado silencio de la sala se intensifica; el sonido del cronómetro se vuelve monótono.

¡Casi un cuarto de hora ha pasado y aun no hay noticia! De repente Willoughby Smith se quita el sombrero y un británico hurra sale de sus labios repetido por todo el mundo y acompañado de un torrente de aplausos…
A lo largo del barco el entusiasmo se desborda, e incluso antes de que la sala se vacíe los estruendosos bravos de nuestros cañones ahogaban las hurras de la tripulación y se oía el silbido de los cohetes ascendiendo hacia el claro cielo de la mañana para saludar a nuestros barcos acompañantes con la alegre noticia.”

Por supuesto, aunque el público era mucho menor, la alegría no fue menos en Irlanda, al otro lado del cable, como relata el diario London Spectator:
“Durante todo un año, de día y de noche, un electricista ha estado siempre en el puesto, vigilando el diminuto indicador luminoso por el que se transmiten las señales, y dos veces al día, en toda la longitud del cable -  mil doscientas cuarenta millas – el aislamiento y la conductividad han sido verificados…  La razón para observar el indicador no es la espera de un mensaje, sino simplemente por verificar el estado del cable. A veces, de hecho, llegaban mensajes descabellados e incoherentes de las profundidades, pero estas eran el resultado de tormentas magnéticas y corrientes de tierra, que deflectaban con rapidez en el galvanómetro y deletreaban palabras de lo más extraordinarias, y a veces incluso frases sin sentido.

De repente, el pasado domingo por la mañana, a las seis y cuarto, mientras  Mr. May estaba vigilando la luz, observó una peculiar indicación que demostró a su ojo experimentado que estaba próximo un mensaje. En unos pocos minutos, el inestable centelleo adquirió coherencia, y el cable empezó a dar señales exactas en vez de los signos apresurados, el habla rota y los gritos inarticulados del inculto Atlántico. Después de un largo intervalo, en el que no nos trajo más que los caprichosos y a veces delirantes murmullos del mar, las palabras “Canning a Glass” debieron de parecer las primeras palabras racionales murmuradas por un paciente febril, cuando los espasmos han cesado y su consciencia regresa.”

El cable funciona!
 Una vez recuperado el cable y comprobado su correcto funcionamiento, se procedió a realizar el empalme y a completar el tendido. El Great Eastern acompañado del Medway partió a las nueve de la noche de ese mismo día a completar la tarea que había dejado a medias un año atrás, mientras que el Albany se quedó atrás recogiendo las boyas y los equipos para llevarlos de nuevo a Gran Bretaña. Aunque el tiempo fue tormentoso, no hubo ningún incidente destacable. En esta ocasión, el tendido fue seguido con interés a ambos lados del atlántico, pues las noticias emitidas desde el Great Eastern a Irlanda, eran inmediatamente retransmitidas por el primer cable hacia América, de tal forma que cuando la expedición llegó a las cala de Heart´s Content ya estaban siendo esperados.

El triunfo

Desembarcado el cable, realizado el empalme con las instalaciones de tierra y comprobado el correcto funcionamiento del cable, llegó la hora de las despedidas. El capitán Anderson y su tripulación pilotarían el Great Eastern de vuelta a Reino Unido, y Cyrus W. Field, volvería a casa tras tanto tiempo fuera. Los vítores de la tripulación mientras desembarcaba fueron las ultimas palabras que oyó de los que habían sido sus amigos y compañeros durante la duración de la empresa.
No le faltó el reconocimiento en su américa natal, donde se celebraron conferencias y banquetes en su honor, un año después de la apertura del cable el congreso, reconociendo por fin la importancia de lo que Field había logrado, le concedió una medalla de oro. Field nunca olvidó el apoyo que había recibido de sus socios y compañeros Británicos, y siempre lo resaltaba cuando era homenajeado. Culminada la obra de su vida a la edad de tan solo 47 años, se retiró a vivir una vida más tranquila, dedicándose a la filantropía. Por desgracia una serie de malas inversiones le hizo perder la mayor parte de su fortuna si bien aun pudo vivir confortablemente, y dos años antes de su muerte pudo celebrar sus bodas de oro, a la edad de 73 años, rodeado de su esposa, hijos y nietos.

Sin la contribución del profesor William Thomson, Field jamás habría podido lograr el éxito en el tendido del cable. Su galvanómetro resultó vital para poder operar el cable, permitiendo usar una batería de 12V como única fuente de energía (mientras las bobinas del Dr. Whitehouse acumulaban polvo en las estaciones de tierra) Por su colaboración en la empresa, la reina victoria le nombró caballero, junto a Glass y a Canning, y en 1892 fue nombrado Lord Kelvin de Largs.  Hasta su muerte, en 1907, se dedicó a la ciencia y a la invención, inventando, entre otras cosas, un nuevo receptor telegráfico, que remplazaría a su galvanómetro ya que permitía grabar el mensaje con tinta sin llegar a ejercer ningún tipo de fricción o un nuevo sistema de sondeo marítimo que permitía tomar medidas de la profundidad sin tener que detener el barco. Nunca abandonó su dedicación a la telegrafía, fue de hecho, durante una expedición para el tendido de un cable a Sudamérica donde Thomson, que por entonces era viudo, conoció a la que sería su segunda esposa.

No todo el mundo recibió con agrado el exitoso tendido de dos cables a través del atlántico: En un pequeño campamento en Siberia, ingenieros y trabajadores de la Western Union Company, estaban enfrascados en un ambicioso proyecto para el tendido de un cable entre América y Europa consistente en un cable submarino por el estrecho de Bering y en una línea terrestre a través de Asia. Tras recibir la noticia de que el cable transatlántico estaba operativo, inmediatamente vendieron a los nativos todos los utensilios que les compraron y se deshicieron del resto antes de volver a casa.

El Great Eastern, la obra magna de Brunel, por fin encontró en el tendido de cables una dedicación digna de su grandeza y una de las pocas que otorgó beneficios a sus propietarios. Entre 1869 y 1873, el Great Eastern tendería cables telegráficos comunicando dos veces Francia y América del Norte, Gran Bretaña e India y nuevamente Irlanda y Terranova. Finalmente en 1874 sería vendido, nuevamente pasando por una sucesión de dueños que lo intentarían rentabilizar, sin éxito como transatlántico, museo flotante, centro comercial y finalmente anuncio móvil antes de ser vendido para ser desguazado a una fracción del precio que costaba solo en materiales.

Mientras tanto, el tendido de cables oceánicos había dejado de ser una aventura para convertirse en algo casi rutinario, rápidamente todos los rincones de la Tierra iban siendo unidos por telégrafo. Y el funcionamiento podría decirse que fue excelente, desde 1866, América y Europa nunca han estado incomunicadas por más de unas horas, y aunque los cables de 1865 y 1866, tuvieron que ser reparados a los cinco años, el cable tendido en 1873 seguiría en funcionamiento casi un siglo después. Siendo lo poco que se habló de el la mejor muestra de su éxito.

Esto es todo. Espero que hayáis disfrutado con la lectura.

Hasta luego

H

Fuentes y algunos enlaces interesantes:

-Arthur C. Clarke: El Mundo es uno, Ediciones B, ISBN: 84-406-4441-8

-La historia del tendido de los cables de Terranova y el cable de 1857:
-Anatomía del cable de 1865 y su fabricación:
-La historia de la recuperación del cable de 1865:
-Segmentos de los cables de 1857, 1865 y 1866:
-La historia del Great Eastern:
-La maquinaria empleada durante el tendido de los cables de 1865 y 1866:

martes, 21 de agosto de 2012

El cable telegráfico del atlantico


1ª Parte
Debido a la longitud y el tiempo que está requiriendo este post, y dado que la estructura de la entrada lo permite, he decidido partir la entrada en dos partes. La segunda parte se publicará en breve.


“¿Y si no tiene éxito? Y si hace el intento y fracasa, si su cable se pierde en el mar, ¿que hará entonces?”
Lord Clarendon, Ministro de exteriores de Reino Unido
“Cargarlo a beneficios y pérdidas, y ponerme a trabajar para hacer otro.”
Respuesta inmediata de Cyrus W. Field


Hoy en día, cuando se habla de telecomunicación, automáticamente nos viene a la mente un dispositivo electrónico, un teléfono, una radio, un televisor o un ordenador. E inmediatamente pensamos en una formidable red global que comunica a todo el globo a la velocidad de la luz, permitiendo por ejemplo, que yo desde España, publique esta entrada, e inmediatamente sea enviada a un servidor en algún lugar (posiblemente en EEUU), y prácticamente de forma simultanea esté disponible para todos aquellos lectores que quieran acceder a ella desde cualquier lugar del mundo (como se puede apreciar en el mapa de abajo).
Que esto sea considerado normal, muestra hasta que punto las telecomunicaciones electrónicas han pasado a formar parte de nuestra vida. Hasta tal punto que nos resulta tremendamente complicado entender un mundo en el que la información no podía viajar a mayor velocidad que el trote de un caballo o un barco impulsado por el viento.

Pero así estaban las cosas, al menos hasta que a finales del siglo XVIII y principios del XIX, el increíble potencial que ofrecía la electricidad en las comunicaciones empezó a ser estudiado, había nacido la telegrafía. En los años 30 del siglo 19, Samuel Morse y Jospeh Henry en Estados Unidos y W.F Cooke y Charles Wheathstone en Gran Bretaña comenzaron a desarrollar comercialmente el telégrafo. En 1850, Gran Bretaña, la mayor parte de Europa y las zonas más pobladas de América estaban conectadas. Y en 1842 Morse había demostrado la viabilidad de un cable submarino. En 1851 entró en servicio el primer cable telegráfico entre Dover, Reino Unido, y Cap-Gris Nez en Francia. El progreso era lento, los pasos con frecuencia eran en falso. Pero a base de prueba y error los ingenieros aprendían: Pronto se unió Irlanda con Escocia. Inglaterra con Holanda. Corcega, Cerdeña,… Europa y África quedaron conectadas en 1854. El gobierno británico instaló un cable en el mar negro en 1855 para comunicarse con sus tropas en Crimea.
Pero un formidable obstáculo seguía pendiente entre la humanidad y la red global de comunicaciones. América y Eurasia aún seguían separadas por el Océano Atlántico.
Esta es la historia de como ese obstáculo fue superado:

Un americano visionario:


Cyrus W. Field (en la imagen) no tenía ningún conocimiento particular de electricidad, telegrafía o ingeniería. Pero no se le puede negar espíritu emprendedor. Nacido en 1819 en Nueva Inglaterra, era el menor de 7 hermanos. Con 15 años partió a Nueva York en busca de fortuna, para volver varios años después y unirse a varios hermanos en el negocio de la fabricación de papel. Las cosas no fueron bien, la empresa quebró y un joven Cyrus hubo de hacerse cargo de las deudas. Tras años de muy duro trabajo, Field se retiró con una fortuna de 250000 US$ de la época y dejando tras de sí una empresa saneada y sin deudas. Los médicos le habían recomendado descanso y así hizo durante los siguientes años, viajando con su familia por Europa y posteriormente en solitario por América del Sur.
Field no tenía intención de dedicarse a nuevos negocios cuando, reposando entre viajes, se puso en contacto con un ingeniero inglés que buscaba financiar su proyecto: N. F. Gisborne  pretendía que los transatlánticos que repostaban carbón en St. John, pudieran enviar mensajes a Nueva York por telegrafía ganando varios días. Para ello había que  construir una línea telegráfica a través de Terranova. Pero al ver el globo terráqueo, Field tuvo una inspiración: El cable de Terranova no era más que un primer paso. El siguiente era conectar St. John e Irlanda, y con ello Europa y América a través del Atlántico.
Cyrus buscaría consejo de dos eminentes personalidades: El pionero y mayor experto en telegrafía: Samuel Morse y uno de los más reconocidos expertos en la nueva ciencia de la Oceanografía: El teniente de la USN Matthew Fontaine Maury. La respuesta de ambos fue positiva: Los recientes estudios oceanográficos habían demostrado la conveniente existencia de una relativamente plana meseta submarina entre Irlanda y Terranova y Morse había demostrado en diversos experimentos que era posible transmitir y recibir mensajes telegráficos a distancias mayores de 3500Km.
Ante esta optimista respuesta, Field se puso manos a la obra y comenzó la carrera para conseguir la financiación necesaria. Consiguió 1,25 millones de dólares para poner a flote la empresa de Gisborne y concesiones locales para obtener el monopolio de la telegrafía entre Terranova y Labrador. El dinero se invirtió en completar el cable Terranova - Nueva York, donde la geografía y la meteorología complicaban el trabajo, y en nuevos estudios del fondo marino en el Atlántico Norte. Con estos éxitos, Field partió a buscar apoyos a ambos lados del Atlántico. Y lo consiguió, principalmente en Reino Unido (los inversores americanos se mostraron más difíciles), donde logró reunir capital para la fabricación y el tendido del cable (unas 350000 Libras) y la garantía por parte de los gobiernos británico y americano (gracias a un único voto de diferencia en el congreso de EEUU) de que consumirían un importe mínimo en servicios de telegrafía, con la condición de que los mensajes gubernamentales tendrían prioridad sobre las comunicaciones comerciales.

Comienza la empresa:

Con el dinero de los inversores y el apoyo gubernamental, se fundó la Atlantic Telegraph Company (ATC) y se buscó reclutar a los mejores expertos en el campo de la telegrafía… algo que no siempre se logró.
Entre los protagonistas de esta aventura destacan:
Charles Tilston Bright un jovencísimo y brillante ingeniero que con solo 19 años había instalado una red subterránea de telegrafía en Manchester, en una sola noche y sin cortar el tráfico. Y ya había realizado experimentos sobre la viabilidad del cable atlántico aun antes de que Cyrus se interesara en el proyecto.
El Dr. Edward Orange Whitehouse como técnico electricista. El Dr. Whitehouse era un cirujano metido a electricista aficionado, su entusiasmo contribuyó a movilizar el proyecto, pero sus ideas fijas e incapacidad de reconocer sus propias limitaciones se encontrarían entre sus mayores defectos.

Mención especial merece el científico irlandés William Thomson, más conocido hoy por su titulo (adquirido posteriormente) Baron Kelvin de Largs y por sus investigaciones en la termodinámica.
Educado en su casa por su padre, profesor de matemáticas en la universidad de Glasgow, con solo veintidós años Thomson llegó al puesto de profesor de filosofía natural en Glasgow, donde estableció el primer laboratorio de prácticas para los estudiantes de física.
Su relación con el telégrafo se inicia con su investigación de las corrientes transitorias que se producen en los instantes inmediatamente posteriores al cierre de un circuito y de la velocidad de las corrientes eléctricas a través de un conductor, que le llevaron a formular su “ley de los cuadrados”. Esta establece que la velocidad a la que pueden transmitirse mensajes por un cable es inversamente proporcional al cuadrado de su longitud. La única forma de acelerar la retransmisión es aumentar el grosor del núcleo conductor.



Por desgracia los descubrimientos de Thomson no fueron plenamente aceptados por los científicos de la época e incluso fueron rechazados de plano por algunos como el Dr. Whitehouse. El cable pues se diseño de forma defectuosa y la urgencia por instalarlo en verano de 1857 hizo que fuera demasiado tarde para hacer mucho más que algunos arreglos cuando Thomson se unió al proyecto.
Completado en el tiempo record de seis meses el cable consistía en un núcleo de seis hebras conductoras de cobre entrelazadas alrededor de una séptima, aisladas por tres capas de gutapercha. El núcleo, fabricado por la Gutta –Percha Company (en la imagen superior, el la fabrica de Gutta - Percha Co. durante la construcción del aislamiento), se rodeaba de un recubrimiento de cáñamo reforzado por cables de hierro, que fue producido por Glass Elliot & Co. y R. S. Newall & Co.  Tenía un espesor de 1,5cm y pesaba casi 1,5Kg por kilómetro, más de 2500 toneladas para todo el cable más de lo que podía transportar ningún barco de la época.

La primera expedición:



Para tender el cable, haría falta repartir la carga entre dos barcos y conectar las mitades de cable en algún punto del trayecto. La US Navy ofreció uno de los barcos más modernos de la flota: el USS Niagara, con un peso de más de 5500t, era la mayor fragata de vapor del mundo, capaz de alcanzar velocidades de diez nudos (unos 19Km/h). Por parte de la Royal Navy se cedió el uso del buque de línea HMS Agamennon (La imagen de arriba presenta ambos barcos antes de la partida, el USS Niagara a la dcha y HMS Agamennon a la izq.), el primer buque de batalla británico concebido para ser propulsado por un motor de vapor. Ambos buques fueron modificados para cargar en su interior 1250t de cable tenderlo en su viaje de cruce por el atlántico (las imagenes de abajo muestran el almacenamiento del cable a bordo del Agamennon y el mecanismo expendedor a bordo del Niagara). Aunque el Agamennon tuvo que cargar parte importante del cable en cubierta, ya que no contaba con suficiente espacio interior. La expedición sería escoltada por las fragatas HMS Cyclops y USS Susquehanna.

Después de cargar el cable, conectarlo a la red telegráfica irlandesa y de los actos protocolarios, la flota telegráfica partió el seis de Agosto de 1857 desde la bahía de Valentia, en el condado de Kerry en Irlanda, bajo la mirada de una multitud exultante. El Niagara tendería el cable en un principio y el Agamennon le acompañaría hasta que a mitad del trayecto llegase el momento de cambiar los roles. De esta forma ambos barcos podrían comunicarse entre ellos y mantener contacto permanente con tierra, pero si a mitad de trayecto la climatología impidiese hacer el empalme, la expedición sería un fracaso.
A bordo se encontraban los actores principales de esta empresa, entre ellos el Sr. Field, como representante de la empresa y el Sr. Brigth como ingeniero jefe del proyecto. El Dr. Whitehouse en calidad de jefe electricista debería de haber asistido, pero aludió razones de salud para no embarcar, y el Dr. Thomson accedió a remplazarle en la expedición, su renuncia a cobrar por ello desvela su voluntad de trabajo en pos del progreso.






La expedición transcurrió con normalidad los primeros días, en todo momento se mantuvo la comunicación con tierra (salvo una breve interrupción de unas horas que se produjo a la mañana del día nueve), demostrando que el proyecto era posible. Para compensar ante posibles irregularidades del fondo marino, el cable se tendía a mayor velocidad que la de avance de la flota, ello obligó a que el día diez fuera necesario frenar el tendido del cable, por desgracia, se aplicó una tensión excesiva y el cable se rompió y cayó al fondo. Se habían perdido 539Km de cable y no quedaba suficiente para volver a intentarlo. Hubo que cancelar la expedición y esperar hasta al verano siguiente para intentarlo de nuevo.

Pero nadie estuvo ocioso durante el año siguiente. Hasta el momento de su rotura, el cable había mantenido a la flota en comunicación con tierra. Field empezó de nuevo a buscar capital, para descubrir que EEUU estaba barrido por la recesión y que había perdido la mayor parte de su fortuna. Pero su confianza y optimismo en el futuro le permitió con mucho esfuerzo reunir el capital suficiente.



Mientras tanto el Dr. Thompson continuó sus investigaciones en el campo de la telegrafía. Descubrió que, con un detector lo suficientemente sensible, es posible detectar en el extremo de un cable las primeras variaciones de tensión al aplicar una tensión en el opuesto. A partir de ahí, desarrollo un nuevo dispositivo, el galvanómetro de espejo (imagen superior). En este instrumento, una bobina en un campo eléctrico se mueve según el signo de la corriente que pasa por ella, en vez de mover un indicador, como era habitual hasta ahora, Thomson decidió emplear una fuente de luz y un espejo para amplificar, hasta hacer visible, el movimiento de la bobina. De esta forma inventó un medidor sin peso.
El Dr. Whitehouse, por su parte, rechazó las conclusiones de Thomson y decidió resolver el problema aplicando fuerza bruta en el extremo emisor del cable. Su idea era que de esta forma, por muy burdo que fuera, cualquier aparato detector (como por ejemplo, la impresora automática patentada del Dr. Whitehouse) podría percibir la señal.

Siguiendo instrucciones de Brigth, el mecanismo expendedor fue rediseñado para evitar que se vuelva a aplicar demasiada tensión sobre el cable, del cual se fabricaron 1000Km adicionales para remplazar lo perdido (el mecanismo encontraría otra aplicación en las cadenas para presos, de forma que siempre aplicaban suficiente tensión sin llegar a dañar al sujeto). También insistió en ensayar el tendido del cable antes de comenzar la expedición nuevamente. Asimismo se decidió que ambos barcos partiría por su cuenta hacia un punto de encuentro y ahí realizarían el empalme del cable, pudiendo esperar a las mejores condiciones meteorológicas para ello, partiendo posteriormente cada barco en dirección opuesta para su tendido.

La segunda expedición:

Nuevamente serían el HMS Agamennon y el USS Niagara, los encargados de tender el cable. Los escoltas serían el HMS Gorgon y el HMS Valorous (este último en reemplazo del USS Susquehanna, que se encontraba en las indias orientales en cuarentena por una plaga de fiebre amarilla). Nuevamente el Dr. Whitehouse aludió razones de salud para no embarcar y nuevamente volvió Thomson a ocupar su puesto. Realizados todos los preparativos, la flota telegráfica estuvo lista para partir el 10 de Junio de 1858.



Pero el 12 de junio una enorme tormenta separó a los cuatro barcos unos de otros, y el viejo Agamennon, sufrió duramente. Nicholas Wood, corresponsal a bordo del London Times escribía: “Nuestro barco el Agamennon se balanceaba fuerte mente y parecía que en cualquier momento fuera a partirse. Las masivas vigas debajo de su cubierta superior chasqueaban y crujían con un sonido similar al de la artillería ligera, que casi superaba al monstruoso rugido que ejercía el viento al pasar entre los mástiles.”
El barco iba sobrecargado y el cable y el carbón se balanceaban amplificando los movimientos del buque y en más de una ocasión se barajó desalojar la carga y volver a casa. Pero el capitán se negó a terminar la expedición y gracias a su habilidad, logró que barco, tripulación y carga sobrevivieran sanos y salvos a la tormenta que duró toda la  semana. Pero las dificultades aun no habían terminado.

Todos los barcos llegaron al punto de encuentro, donde se pudo realizar el empalme y el 26 de junio ambos barcos partieron en direcciones opuestas. Pero a los 4,5Km el extremo del Niagara se rompe, y ambos barcos han de volver a realizar el empalme nuevamente. Esta vez, sin embargo, tras 128 Km, ambos barcos perdieron el contacto, la sorpresa fue mayúscula cuando al volver al punto de contacto, ninguno había roto el cable. Este se había roto en el fondo del mar sin causa aparente. Nuevamente se realizó un empalme, pero por desgracia a los 320Km se partió el extremo del Agamennon.

Con escasez de cable y provisiones, la segunda expedición fue abortada y la flota se dispersó para su retorno a Irlanda. Esta vez el pesar era máximo. Entre el comité de directores se sugería vender el cable restante y abandonar. Pero Field y Thomson lograron convencer al comité para un nuevo intento.

La tercera expedición:

Por tercera vez, la flota telegráfica partió de Valentia el 17 de Julio de ese mismo ese año y llegó sin incidentes al punto de encuentro donde el 29 de Julio se realizó el empalme. Durante su viaje hacia América, el Niagara no sufrió ningún incidente. Cosa que no se puede decir del Agamennon, pues escasas horas después de realizar el empalme, se perdió la comunicación con el Niagara. El Dr. Thomson había anunciado ya la rotura definitiva del cable, cuando hora y media después y sin motivo aparente, el contacto se restableció.
Por si fuera poco, durante el trayecto hacia Irlanda, la climatología volvió a mostrarse adversa, y en más de un momento se temió por la integridad del cable, que milagrosamente aguantaba una tensión que no debería de sufrir. Mientras tanto, vientos en contra obligaban a realizar el trayecto con el motor, con lo que las reservas de carbón amenazaron con acabarse.

Pero no fue el caso y finalmente, el cinco de Agosto, las costas de Terranova estaban a la vista. Alertados por un cañonazo del Valorus, los habitantes de Dingle  Bay, salieron entusiasmados a recibir al Agamennon, disputándose entre ellos el honor de traer el cable a tierra.
Poco después de atracar, llegaba la noticia de que el Niagara se preparaba para hacer lo mismo en las costas de Terranova. Los 3300Km de cable funcionaban adecuadamente. El tendido de cable había concluido con éxito.

Éxito y fracaso:

“Europa y América están unidas por telegrafía. Gloria a Dios en los Cielos, en la Tierra, paz y buena voluntad entre los hombres”
Estas eran las primeras palabras transmitidas por telegrafía entre ambos continentes. La noticia de que el telégrafo funcionaba, propició celebraciones a ambos lados del Atlántico. Aun se tardarían más de diez días hasta que el servicio estuviera abierto al público pero ello no aminoró las emociones y cuando el 16 de Agosto, un mensaje de S.M. la reina Victoria al presidente Buchanan (abajo el mensaje de su majestad al presidente Buchanan y  la respuesta del presidente a S.M.) inauguró el servicio, el hecho fue celebrado con fuegos artificiales en el  ayuntamiento de Nueva York.
Charles Bright fue nombrado caballero con solo 26 años, por su labor como ingeniero jefe en la empresa. Mientras que a Cyrus W. Field se le otorgaba, el 1 de septiembre de 1858, en Nueva York la recepción de un héroe.



Nunca sabremos que pensaba Cyrus en ese momento, si ya conocía la terrible verdad o simplemente se la imaginaba y deseaba con todas sus fuerzas que aun hubiera solución. Pero aquel uno de septiembre el cable había dejado de transmitir de forma definitiva.
Lo cierto es que ya desde su conclusión, las comunicaciones por el cable eran prácticamente ininteligibles. Durante los diez días en que el cable estuvo cerrado al público se luchaba contra ese hecho, Whitehouse propuso como solución remplazar el galvanómetro de Thomson por su impresora receptora y aplicar en el extremo emisor hasta 2000V de potencia (generada por las enormes bobinas de inducción que él había diseñado), lo que agravó el problema y contribuyó al fin del cable.
Durante el tiempo que estuvo en funcionamiento, este no fue ni mucho menos óptimo. La mayor parte de los mensajes consistían en peticiones para volver a transmitir más lentamente un mensaje mal recibido. Los mensajes comerciales, se acumulaban a ambos extremos, ya que con frecuencia se requerían de horas, si no días para la correcta emisión de estos.

Las acusaciones corrieron. Aquellos que con más intensidad celebraron el acontecimiento ahora denunciaban todo como un fraude. Un cable transatlántico era imposible y jamás funcionaría satisfactoriamente. Desde luego no tal y como se había realizado. Simplemente mediante la prueba y el error, sin un conocimiento detallado de las leyes de la naturaleza que gobiernan la electricidad y sin realizar ninguna labor de ingeniería previa, un proyecto de tal magnitud estaba destinado a fracasar.
Pero la ciencia y la tecnología avanzaban en todos los campos a un ritmo vertiginoso y al hacerlo, proporcionan a la humanidad nuevas herramientas para realizar sus proyectos.

El cable transatlántico aun no había muerto.